Dosier

Los maestros del cine y la música (II)

Segunda entrega del dosier que comenzamos en el número de febrero del pasado año dedicado a explorar las relaciones entre los más importantes creadores cinema-tográficos y el medio musical. Tras los ensayos dedicados a Buñuel, Visconti, Bresson y Straub-Huillet, el lector encontrará en esta segunda parte cuatro trabajos consagrados a otros tantos maestros incontestables del cine: Miguel Ángel Ordóñez explica las sutiles imbricaciones musicales en la breve –pero densa– obra del ruso Andrei Tarkovski. Daniel Muñoz de Julián repasa la célebre y polémica utilización de los clásicos musicales en la filmografía de Stanley Kubrick. Santiago Martín Bermúdez arroja una penetrante mirada sobre las intuiciones musicales del mago del suspense, el gran Alfred Hitchcock, además de su relación con uno de sus compositores de cabecera, Bernard Herrmann. Por último, José Luis Téllez analiza una de los más felices maridajes históricos entre la ópera y el cine, la versión para televisión que el sueco Ingmar Bergman realizó de La flauta mágica, ensayo que se completa con un texto del propio Bergman acerca de su larga e íntima relación con la obra maestra de Mozart.

Los artículos de componen este dosier son:

- Andrei Tarkovski: el escultor del tiempo, por Miguel Ángel Ordóñez 
 - Stanley Kubrick: conquistador de horizontes, por Daniel Muñoz de Julián 
 - Alfred Hitchcock: soundtrack, música, sonido… y Bernard Herrmann, por Santiago Martín Bermúdez 
 - Ingmar Bergman: La flauta mágica, una transformación ejemplar, por José Luis Téllez

La economía de la ópera
La ópera es un arte. Y un arte a veces muy caro al que, sin embargo, la sociedad debe tener posibilidad de acceso si se quiere que todos vivamos en plenitud nuestra cultura. Para eso hace falta, naturalmente, talento programador por parte de los teatros pero también dinero público y privado que permita la subsistencia y la irradiación de un espectáculo único. En este dosier se analiza el presente y el futuro de la ópera desde el punto de vista de su financiación y sus diferentes modelos, con especial atención a la a veces demasiado desatendida realidad latinoamericana y con el ejemplo práctico de veinte años de experiencia del Teatro Real.
Benjamín G. Rosado
Coordinador del dosier

Artículos que componen este dosier:
- La ópera en cifras, por Benjamín G. Rosado.
- Modelos de financiación, por María del Ser.
- Latinoamérica: Un continente de oportunidades para la lírica, por Alejandra Martí Olbrich.
- Entrevista con Gregorio Marañón, por Benjamín G. Rosado.

Telemann. El Barroco en todo su esplendor.
Georg Philipp Telemann (Magdeburgo, 1681 - Hamburgo, 1767) ha pasado a la posteridad por ser el compositor mas prolífico de todos los tiempos. Cerca de tres mil obras forman parte de su catálogo, y aún hoy sigue descubriéndose partituras suyas (en octubre de 2015, por ejemplo, se halló en una colección privada una copia de las 12 Fantasías para viola da gamba, algo así como el “santo grial” de los violagambistas modernos). Telemann cultivó todos los generos habituales de su época, vocales o instrumentales, profanos o sacros, para gran o para pequeño formato, en estilo francés o italiano... Y en todos ellos obtuvo el mismo éxito, hasta el punto de convertirse en el músico célebre y admirado de aquella Alemania. Admirado incluso por Bach (con el que siempre mantuvo una estrecha relación de amistad, como lo demuestra el hecho de que fuera padrino en la pila bautismal de uno de sus vástagos, Carl Philipp Emanuel) y por Haendel (quien plagió numerosas obras suyas, enviándole a cambio desde Inglaterra, en señal de agradecimiento, bulbos de tulipanes, ya que la floricultura fue otra de las artes que cultivó —nunca mejor dicho— el magdeburgués). Poliédrico intérprete (demostró ser notable organista, violinista, violagambista, flautista, oboísta y salmoísta) y sagaz editor (fue el primero que publicó una revista musical en lengua germana), sería un grave error pensar que en él primó la cantidad sobre la calidad, pues pocos compositores del Barroco fueron capaces de concebir música tan excelente como la suya.
 
Este dosier está compuesto por los siguientes artículos:
El más longevo de la “Generación de 1685”, por Manuel M. Martín Galán
Prolífico compositor, sagaz editor, por Ashley Solomon 
El camaleón musical: obra vocal, por Javier Sarría Pueyo
Una discografía amplia, aunque insuficiente, por Eduardo Torrico
Las 12 fantasías para viola sola, una visión caleidoscópica del instrumento, por Sara Ruiz
 


En nuestro canal de Spotify revistascherzo hemos preparado una playlist con ocho de las 
grabaciones comentadas en este dosier (selección de Eduardo Torrico).

Este mes de octubre se cumplen los cien años de uno de los acontecimientos que con más propiedad cabe calificar de históricos. Porque la Revolución rusa —o soviética— no sólo cambió radicalmente la faz y la estructura de una de las más grandes e importantes naciones europeas, sino que, en toda su astronómica dimensión, condicionó de forma tan extrema como irreversible el devenir y el destino de todo el siglo XX. Si los modelos sociales y políticos sufrieron un vuelco copernicano con el advenimiento de la sociedad bolchevique, las artes —y entre ellas, como no podía ser de otro modo, la música— experimentaron en todas sus manifestaciones los efectos de ese cambio de modelo. Exploramos en este dosier algunos aspectos relevantes del impacto que produjo la llegada de los soviets en el mundo de la música, la danza, la ideología cultural e incluso en el ámbito personal y creativo de los propios creadores, a través de importantes colaboraciones a cargo de las musicólogas Lidia Ader (Museo Rimski-Korsakov de San Petersburgo) y Cristina Aguilar (ICCMU), además de nuestros habituales colaboradores y grandes especialistas en la ‘cuestión rusa’ Santiago Martín Bermúdez y Juan Manuel Viana.

Los artículos que componen este dosier son:

Construir un Nuevo mundo: un héroe después de 1917. Por Lidia Ader
Danza en el País de los sóviets. Por Cristina Aguilar
Revolución, cultura, música. Por Santiago Martín Bermúdez
Seis olvidados de la Revolución de Octubre. Por Juan Manuel Viana

Música y pensamiento (I): Pitágoras, Hegel, Schopenhauer y Nietzsche.
La relación entre la música y el pensamiento se remonta a los albores de la historia. Tal como señala Stefano Russomanno en su ensayo sobre el número y el sonido en Pitágoras, “la música es la expresión más directa de la inteligencia matemática que rige el cosmos, y por tanto una puerta hacia la comprensión del todo”. No solo se trata de ‘pensar la música’, sino de entender la música como parte fundamental de los procesos de pensamiento. De este modo, se puede trazar un paralelo entre la historia de la filosofía y el propio decurso del arte de los sonidos, y tal es el propósito de este dosier, que constituye, a imagen del dedicado a explorar la relación entre los cineastas y la música, un primer capítulo de una serie que se irá enriqueciendo en los próximos años. Comenzamos por el principio: el trabajo de Russomanno explora las relaciones entre la filosofía griega y los parámetros de la música, que sentaron las bases de muchas, sino de todas, las aproximaciones ulteriores. Por su parte, los ensayos de Blas Matamoro, Carlos Javier González Serrano y Luis Enrique de Santiago Guervós analizan el impacto del hecho musical en las teorías filosóficas de tres de los grandes maestros del pensamiento alemán del siglo XIX: Hegel, Schopenhauer y Nietzsche.
Los artículos que componen este dosier son:
- Pitágoras: número y sonido. Por Stefano Russomanno
- La música de Hegel. Por Blas Matamoro
- Schopenhauer: el desciframiento sentimental del mundo. Por Carlos Javier González Serrano
- Nietzsche y la "música absoluta". Por Luis Enrique de Santiago Guervós

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